A menudo siento un repentino deseo de abrazar a alguien.
A muchos seguramente les ocurre lo mismo, que desean abrazar, incluso, a un desconocido.
Sin embargo la mayoría de las veces suele ocurrir que nos reprimimos y seguimos adelante. Incluso llegamos a preguntarnos: ¿POR QUE?
¿Por que ese miedo a hablarnos, a saludarnos por la calle, a escribir una carta?
¿Por que, ese distanciamiento si navegamos todos juntos en el mismo barco?
¿Por que un hombre y una mujer que se sienten solos y están tristes, prefieren seguir estando solos y tristes antes de compartir?
No lo entiendo. Quizá lo entendería mejor si en lugar de preguntarme POR QUE, me preguntase PARA QUE.
Nos comportamos, aveces, como si tuviéramos algo que ocultar, como si lo que nos ocurre a nosotros nos ocurre únicamente a nosotros.
Mientras nos tratemos como extraños, EL MUNDO SEGUIRÁ SIENDO EXTRAÑO PARA NOSOTROS.
COMPARTIR, será sólo una palabra y se hará muy difícil que nos lleguemos a entender y poder vivir en armonía.
Vivimos en REACCIÓN en lugar de vivir en ACCIÓN.
Vivimos en términos de YO vs EL OTRO.
Funcionamos en piloto automático COMPITIENDO en lugar de COMPARTIENDO.